sábado, 25 de junio de 2011

Silencio


Silencio. Se lanza sobre mí y siento su oscuridad. Sus  formas se cierran en torno a la palabra. Me empiezo a quemar. Ardo. Mi boca, el interruptor, se acerca al cero. Al apagado. Penetro en el subsuelo cada vez más. Intento sentir cabos. Bocas. Palabras cercanas a las que asirme y poder volver a la luz. Los labios caminan hacia dentro. La oscuridad clavetea mis labios con agujas. En mi corazón. En mi estómago, la lágrima se mezcla con la sangre y empapa mi verborrea interiorizada en el fondo. De qué sirve relacionarse con uno mismo de manera tan intensa. Cuando parece que no hay solución. Que la nada prevalecerá indefinidamente. Empiezo a sentir. A oír. A escuchar. Me agarro. Noto otra boca en la mía y como de aquella fluye una palabra que me hace salir a la luz. No de forma progresiva. Salto rápido, agresivo hacía la no-obsesión y el espacio abierto. Como una eyaculación deseada. Escribo los papeles para la función pero las horas no se pueden programar. Las lógicas fugas del guión son escapes nucleares dispuestos a seducirme. Pretendo evangelizar el orden logrando con ello todo lo contrario. Ama el caos. Analizo las posibilidades de reencuentro con Ella. Sopeso mis actuaciones. Organizo listados de psicosis cotidianas. Ni siquiera puedo engañarme. No te busco. Te noto entre la contaminación. Percibo tus partículas entre el monóxido de carbono. Por mi garganta cayendo tu espesor como  pegamento usado. Aguanto la respiración. El ser limitante se confunde entre las curvas. Aprieta mis tuercas. Me obliga a mandaros esto. Proclama la autarquía. Me la mete en la boca y os escupo proyectiles pegajosos mientras se oculta en el Silencio.


2 comentarios:

emiliano dijo...

felicitaciones por la iniciativa.

excelente diseño de cabecera.

saludos.

Diego Volianihil dijo...

Soberbio