Miro esta magnum 9mm como un niño mira un caramelo en las manos de otro niño con mejor suerte que la suya. Miro esta magnum herencia de mi abuelo y la sostengo entre mis manos como una madre primeriza balancea a su bebé, con suavidad y con miedo. En la habitación de al lado alguien celebra una mentira, con velas aromáticas y tarta de nueces de Macadamia. Alguien descorcha la botella y todos ríen, repitiendo la misma patraña que el año anterior y que el año siguiente y que dentro de un millón de años. En el piso de arriba, la soledad impregna cada una de las rendijas y se come el futuro a bocados. No hay nada peor que no poder olvidar el vacío en los cristales. En mi habitación un incendio empieza a devorarme poco a poco. Introduzco la magnum en mi boca –ironías de la vida, yo que quería asesinar a Hitler- y suena el teléfono. Demasiado tarde, esta vez he sido más rápida que todos vosotros.
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jueves, 28 de abril de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
Arde
Arde la lluvia sucia que nos cubre.
Arden todos los edificios que albergan animales solos en celdas diminutas.
Arde la noche cubriendo nuestros miserables días.
Arden todas las palabras que escondemos en lo más profundo de nuestra vergüenza.
Arden los caminos que tomamos pensando que eran los correctos.
Arden las familias que no tienen el mismo número de cucharas que de bocas.
Arde el espejo que te demuestra lo estéril del intento.
Arde la infancia abandonada en cualquier calle que apuñales.
Arde toda la gente que no puede encontrar un puto trabajo.
Arden todas las mentiras que conforman tu columna vertebral.
Arde cada gesto de amor ignorado.
Arde el orden establecido por otros.
Arden todos los huérfanos de aire en ésta ciudad imunda.
Arden los llantos de los recién nacidos que tienen hambre y no dejarán de tenerla.
Arde el paso de las estaciones en las palmas de nuestras manos.
Arde éste mundo infectado de humanidad que ya no sabe parar de cambiar.
Arden las alas de todos los pájaros demasiado asustados para volar.
Arden los mismísimos cimientos del universo
cada vez
que
nuestras
miradas
colisionan
Arden todos los edificios que albergan animales solos en celdas diminutas.
Arde la noche cubriendo nuestros miserables días.
Arden todas las palabras que escondemos en lo más profundo de nuestra vergüenza.
Arden los caminos que tomamos pensando que eran los correctos.
Arden las familias que no tienen el mismo número de cucharas que de bocas.
Arde el espejo que te demuestra lo estéril del intento.
Arde la infancia abandonada en cualquier calle que apuñales.
Arde toda la gente que no puede encontrar un puto trabajo.
Arden todas las mentiras que conforman tu columna vertebral.
Arde cada gesto de amor ignorado.
Arde el orden establecido por otros.
Arden todos los huérfanos de aire en ésta ciudad imunda.
Arden los llantos de los recién nacidos que tienen hambre y no dejarán de tenerla.
Arde el paso de las estaciones en las palmas de nuestras manos.
Arde éste mundo infectado de humanidad que ya no sabe parar de cambiar.
Arden las alas de todos los pájaros demasiado asustados para volar.
Arden los mismísimos cimientos del universo
cada vez
que
nuestras
miradas
colisionan
viernes, 22 de abril de 2011
llama santa
En mi pecho
un incendio,
un corazón quemado
unas ganas asfixiantes
de morder.
Soy la virgen de
tus placeres incandescentes,
esa que eleva tus sentidos
a un éxtasis divino,
la que convierte sus pecados
en la más maravillosa bendición.
En mis manos un don,
en mi boca una oración
que murmullo entre sábanas calientes,
bajo las piernas de los cristos
que crucifico
boca abajo.
que clavan en mi esternón
sus uñas
ardientes,
llenas
de deseos inconfesables.
Aquellos a los que me ofrezco como sacrificio
sin advertirles que puedo resultar
altamente inflamable.
jueves, 21 de abril de 2011
La cama de noventa es el incendio.
Las sábanas mojadas no protegen;
y escapas cada noche, y te pierdes
tras los pasos de la palabra ALTERNATIVA.
Le buscas. Le suplicas que sea junco o elefante;
y tú, hormiga y rama seca que le parte la boca.
Lo sabes: no protegen contra el humo las caricias,
aunque el dedo corazón borre los surcos
que la saliva aró entre tus muslos.
Tú, adiabática personita,
princesa de labios traviesos,
guardas arrebatos para el malo
y degradas al sapo a vagabundo.
Tienes la estúpida costumbre
de cegarte con la luz de las promesas.
Le buscas, le suplicas que sea lunes o ternura;
y tú, manzana transgénica o la i griega del yo-mí-me-conmigo.
Lo sabes: eres ciclotímica y frágil.
Si le miras las manos
sólo, la ausencia de otras manos.
Las sábanas mojadas no protegen;
y escapas cada noche, y te pierdes
tras los pasos de la palabra ALTERNATIVA.
Le buscas. Le suplicas que sea junco o elefante;
y tú, hormiga y rama seca que le parte la boca.
Lo sabes: no protegen contra el humo las caricias,
aunque el dedo corazón borre los surcos
que la saliva aró entre tus muslos.
Tú, adiabática personita,
princesa de labios traviesos,
guardas arrebatos para el malo
y degradas al sapo a vagabundo.
Tienes la estúpida costumbre
de cegarte con la luz de las promesas.
Le buscas, le suplicas que sea lunes o ternura;
y tú, manzana transgénica o la i griega del yo-mí-me-conmigo.
Lo sabes: eres ciclotímica y frágil.
Si le miras las manos
sólo, la ausencia de otras manos.
lunes, 18 de abril de 2011
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